jueves, 11 de diciembre de 2008

nuestra primera vez II

aviso a navegantes, esta es la segunda parte de nuestra primera vez.
vulevo a advertir que sería preciso leer primero la etiqueta del post antes de leer algo con lo que no querrías encontrarte.
anécdota graciosa: ayer sartory me llamó urgentemente porque se pensó que era verdad lo que contaba.
Así que añado una nueva adcertencia:
esto en concreto, NO ha pasado, pero espero que ocurra..depende de ti.


Tras el saludo, la conversación continuó (o más bien intenté yo que continuara) de forma más o menos distendida, ya que la sensualidad que desprendía su cuerpo con poses al apoyarse en el barra y tomar el café eran propias de un galán de los años cincuenta, mientras yo me retorcía o intentaba aprovechar el asiento de la banqueta para que mi jersey hiciera un pliegue que ocultara la erección que estaba teniendo desde que mi mano rozó la suya en el saludo.

Hice un par de chistes sobre su parecido físico con Wally y de qué rápido le había encontrado en medio del bar, mientras tomaba el mosto (que no café, que bastante cargado estaba yo ya) y planeaba cada movimiento de mis manos para intentar obtener otro roce con su cuerpo.

No podría concentrarme en la conversación, su mirada me erizaba hasta el último pelo del ombligo, sentía que traspasaba mi cogote y al hacerlo prendía fuego. Supongo que debía tener las orejas muy coloradas mientras hablaba con él, aunque tampoco demasiado ya que gran parte de la sangre disponible estaba concentrada en otro punto de mi cuerpo.

Su voz acariciaba mis oidos como si con su propio dedo estuviera recorriendo su contorno, su mirada me iba acalorando lentamente, como si me hubiese colocado con un abrigo cerca de una estufa de butano en verano, me sobraba toda la ropa, pero sólo me sudaba un poco las manos.

Durante toda la conversación estaba seguro, que dada mi suerte, no conseguiría que sus labios rozaran mi piel, y eso me iba angustiando lentamente por dentro, como una flor que se marchita bajo un palazo de nieve.

Es verdad que hubo bastante tonteo pero no conseguí lanzarme a formular, de forma velada lo informulable, hasta que alzó por última vez su café con hielo, y le quise hacer la broma de quitarle el hielo (y así intentar bajar mi calentura en ese momento) y supe en el momento que volvía a rozarle la mano, en un gesto que cualquier persona que estuviera en el bar no hubiese encontrado "sospechoso", que no había sido el único en sentir esa chipa al contacto de nuestra piel.

Fue entonces cuando mi pepito grillo salió de su letargo. Había conseguido emborracharle con las sensaciones que me provocaba su mera presencia, y estaba disfrutando de tener cerca a esa belleza como del más relajante de los masajes.

Empecé a pensar que yo no era chico de rollos de una noche, ni de heteros con ganas de probar (ya que prueban contigo, pero luego con 12 más y se van a quedar con el mayor gilipoyas que encuentran), que lo máximo que conseguiría sería un buen polvo, (más que uno, una noche de polvos) o de una semana de ellos, que seguramente me pillaría y sufriría, ya que me gustaba más allá que de una forma física..

Mi lado racional me decía, puedes pasarlo muy bien jugando con fuego, sobre todo con ese bombero, aunque ya te estás quemando, y mi lado emocional me decía que si conseguía echarle tan buen polvo podría convencerle para que se quedara conmigo.

Porque de todas maneras, al vivir geográficamente separados, no nos quedaría otra que abrir la relación, ya que el hombre tiene sus necesidades, pero que seguramente nos buscaríamos para complacernos mutuamente ya que (al menos yo) tenía planteado ser su mejor fantasía erótica, y nadie quiere hamburguesas si hay filete.

Además pensaba yo que, aunque me había dicho que no era chico de tener pareja, eso era porque sólo había estado con chicas, y ellas son más controladoras y manipuladoras, mientras que nosotros somos más directos y naturales. Que una vez que me probase quedaría enganchado como a una droga y vendría a por más. Ya que nuestra relación sería bastante bien distinta.

Pero volvamos al momento de la chispa, ya que esos racionamientos, saltaron hacia mi pero no fueron meditados instantáneamente..estaban simplemente ocultos bajo la capa de endorfinas que segregaba mi cerebro.

Esa chispa cambió la calidez de sus grandes ojos para mostrar deseo. La mirada de deseo es una de las mejores miradas que existen en el mundo. Incluso las presas en los documentales quedan eclipsados momentáneamente por la mirada de deseo de los depredadores, antes de empezar a correr. Lo que pasa es que en este caso había dos depredadores.

Esos dos depredadores ya se estaban devorando con la mirada.

Pero en ese momento la duda acechó de nuevo. Vi pasar su sombra por la escultural cara de mi acompañante. Le vi vacilar, y durante 15 eternos segundos, esperé, tratando de no hacer ningún movimiento brusco, con el pulso latiéndome en los oidos y en la polla, intentando no presionar en su decisión, sonriendo como en la foto de la primera comunión, es decir, de forma inocente, mientras su cabeza procesaba esa proposición nada decente.

No recuerdo quién pagó la consumición, o si nos fuimos sin pagar, o la cara del recepcionista o en que momento acabamos en el ascensor que nos subiría al cielo, o al menos, a su habitación.

En el momento que la puerta del mismo se cerró, le busqué a ciegas como busca un cachorro hambriento el pecho hinchado de leche de su madre, ya que nuestro deseo ya no era humano y simplemente animal.
Nuestras bocas se encontraron, cálidas, ansiosas de bebernos a morro, de saciar nuestra sed, pero curiosamente produciendo el efecto contrario.

Mientras sus manos bajaban hacia mi culo y las mías se agarraban a su cuello de toro, buscando ambas el secreto del placer entre los pliegues de nuestra piel, el ascensor seguía su inexorable marcha, yendo demasiado rápido para mi gusto, ya que cuando se abrió las puertas, el pasillo nos descubrió aún besándonos, sin encontrar el momento de romper ese magnetismo que nos impedía movernos de esa peculiar forma de transporte vertical.

Pero repentinamente, y temiendo por sus dudas, su reputación o por no avasallar, retiré mis labios del dulce colchón que habían hecho en los suyos, velando por él, ya que en ese mismo hotel, y en esa misma planta, se hospedaban compañeros suyos de trabajo.

Él me miró sin hacer ningún comentario, no habíamos cruzado palabra aún, pero ya conocía mi pudor a los sitios públicos, y eso le puso aún más cachondo.

Volvió a besarme mientras me arrastraba con sus besos fuera del ascensor, allí, nada más pasar el umbral de las puertas del mismo, y antes de que se cerrara, paró en seco, obligando a mi cuerpo que ya había comenzado el movimiento ambulatorio hacia su habitación a chocarse contra el suyo, de frente, y sintiendo por primera vez su erección en mi cintura.

to be continued.

7 comentarios:

QuijoteExiliado dijo...

No quiero esperar hasta la tercera parte!!!!!!

Reikjavik dijo...

Dios, como va subiendo la historia de temperatura. Desconocía esa faceta putuela tuya y me ha encantado, me ha recordado a los relatos de Contacto, un libro que me regaló una amiga de Madrid por mi cumpleaños.

No quiero ni imaginarme como acaba la segunda parte.

Besos, ojazos.

Crispín dijo...

quijote

pues no esperes más que ahora va..

la cuarta ya la tengo redactada, pero hasta que no acabe la quinta (me está saliendo un pelín largo) no la cuelgo..

reik

uy, bueno, ahora lo ves, pero esto va in "crescendo"..

ahora os vais a pensar que soy un salido contando aquí guarradas en un blog..

besos y gracias por comentar

Adrien Evans dijo...

ME.ENCANTA!

Crispín dijo...

adrien

muchas gracias ^^

(icono de vergüenza)

besos

Yes dijo...

por el amor de dios, donde esta charlotte?????????

Crispín dijo...

yes

anda que..

besos